S
oy cliente de las herboristerías. Pero sé lo que son y qué es lo que cabe esperar de ellas. Lamentablemente, como en tantas realidades de nuestra vida, no es oro todo lo que reluce.
Siempre he dicho que un farmacéutico es (mejor, debería ser) el "pedagogo de los medicamentos". Es decir, una persona cualificada que conoce los medicamentos, que saben de su capacidad para curar ditintos males, pero que también deben ser usados racionalmente, conscientes de sus efectos secundarios y dosificados adecuadamente. Y en esto, el papel del farmacéutico debería ser fundamental (y, de hecho, en muchos casos lo es). Por eso hay que tener muy en cuenta que las herboristerías no son lugares para buscar medicamentos, pese a que, a menudo hay desaprensivos que, en ellas, venden (no dispensan) productos a los que atribuyen efectos terapéuticos, propios de los medicamentos. La reciente actuación de la Agencia Española del Medicamento (AEMPS), retirando del mercado unos productos, Libidus y Libidus for Woman, derivados del principio activo de la viagra que vendían como estimulante contra la inapetencia sexual de hombres y mujeres, es una prueba más de ello (http://www.ocu.org/medicamentos/libidus-en-realidad-era-viagra-s549594.htm). No cabe suponer ignorancia en quienes las vendían sin más, pese a que estuviera registrada como suplemento alimentario (la gran trampa para escaparse de los estrictos controles que deben superar los medicamentos). Nada tengo contra las herboristerías, por supuesto. Pero su papel nunca será la venta de un medicamento. Y, por supuesto, cabría esperar, siempre, de quienes venden los productos (hierbas, tisanas y suplementos alimentarios) un plus de profesionalidad: puedo aseguraros que algunos "consejos" y "recomendaciones" que he escuchado en alguna ocasión serían para una antología del disparate... si no fuera por la incidencia, a veces grave, que pueden llegar a tener sobre la salud de los aconsejados o recomendados.