A
l abrir hoy el correo me he llevado una sorpresa agradable. En un sobre se contenía un tríptico sobre los ácidos grasos Omega 3, editado por el FROM (www.from.es). Y entre las fuentes citadas, nuestra revista OCU Salud de febrero-marzo de este año. Como es lógico lo leí de punta a cabo y, al margen del espaldarazo que significa aparecer como fuente de la información, me di cuenta de lo absurdo que significa la cultura del "alimento enriquecido", en particular en el famoso pero mal conocido Omega 3. No puedo, por menos, que manifestar mi total acuerdo, que es el de nuestros técnicos, con el contenido de ese pequeño documento que os aconsejo vivamente.
Cuando era pequeño, hace ya algunos años, recuerdo con nostalgia muchas cenas en mi casa de familia numerosa. Se colocaba en el centro una lata de sardinas en aceite (de las que hace tiempo no veo, aunque creo que existen, de diámetro grande y "bajitas") y, en cada plato, un huevo frito, sólo uno, ya que la máxima de que "cuando seas padre comerás huevos" (en plural), se seguía bastante a rajatabla. Y luego los hermanos estrujábamos una o dos sardinas sobre él. Acompañado de pan, esta mezcla es, sin duda, uno de esos recuerdos infantiles que me han seguido, y me siguen, mucho tiempo. Lo que no sabía entonces es que lo que estábamos haciendo era enriquecer el huevo con unos ácidos grasos importantísimos, cuales son los omega 3. Son, según sabemos, ácido grasos polinsaturados, beneficiosos para la salud, presentes, principalmente en los pescados. Los que saben en esto de la nutrición recomiendan incluir en la dieta alimentaria unos dos gramos de estos ácidos cada día. Hoy se encuentran en el mercado multitud de productos "enriquecidos" en omega 3 (leches, huevos, galletas, etc.). Un enriquecimiento que, a la vista de los datos, resulta más bien pobre. Porque una ración de 5 sardinas basta para suministrarnos esa cantidad de ácidos omega 3. Para igualarla tendríamos que beber 3 litros de leche o 45 huevos o 22 galletas enriquecidos. De ahí la importancia de que nos dejemos de tonterías y sepamos discernir la realidad de los mensajes publicitarios. Porque, al final, llego siempre a la misma conclusión: no hay nada mejor ni más barato que volver a nuestra dieta mediterránea que, al promover el consumo del pescado azul, se enriquece en ácidos omega 3, sin necesidad de recurrir a otros alimentos enriquecidos en ellos (aunque sólo un poquito). Y lo que decimos de estos ácidos, podemos decirlo, y la OCU viene diciéndolo, de otros muchos productos cuyas alegaciones publicitarias llevan a más de uno, a decisiones un tanto, digamos, inadecuadas. Lo dicho: una dieta variada como la nuestra no necesita de estos productos enriquecidos que, si nos gustan, no hay problema en consumirlos, pero nunca buscando pretendidos efectos milagrosos sobre la salud. Efectos que, sin ser milagrosos, podemos encontrarlos, insisto, en una forma variada y equilibrada de comer.
Compendios web sobre Nutrición humana y Endocrinología (Vigo, Galicia, Spain):
http://aims.selfip.org/
A menudo la fruta que venden en supermercados de grandes ciudades, a pesar de su bonita apariencia, está verde (nectarinas, ciruelas, melocotones, paraguayas..), pero además nunca llega a madurar aunque se tenga fuera del frigorífico. Se arruga la piel y se contrae su carne pero por dentro sigue acartonada y sin sabor. (Lo que resulta bastante frustrante, desalentador y caro porque no es agradable comerla y menos para los niños a los que además hay que convencer de los beneficios de una fruta que “compite” con cosas mucho más sabrosas como patatas fritas, galletas etc)
Supongo que es debido a los tratamientos de conservacion a los que se somete y que los consumidores desconocemos.
¿Sería posible que la OCU hiciera un análisis de estos tratamientos y sus potenciales beneficios y perjuicios para el consumidor?
Muchas gracias
Hola, que tal.
Totalmente de acuerdo con lo expuesto en el artículo. Por otro lado tambien existe un desconocimiento de los diferentes tipos de Omega 3 y los diferentes beneficios que aportan cada uno.
Aunque también es justo mencionar que el consumo de pescado azul, conlleva a ingerir contaminantes, metales pesados que el cuerpo posteriormente no puede deshechar o sea que se almacenan.
Ante este panorama, ¿Qué tiene de malo buscar consumir complementos de omega 3 que se garanticen libres de estos metales pesados?, ¿Sería lógico, no?.
La verdad, que si vamos a contar la historia, debería ser completa.
Un Saludo
goo.gl/63ON2