L
a noticia no se ha hecho esperar. La compañía aérea Spanair entra en concurso (es decir, lo que antes se llamaba quiebra) y todos los afectados por ello lo van a tener duro para hacerse con las cantidades adelantadas o adeudadas por los servicios ya prestados. Y, desde luego, los que peor lo tienen, los consumidores.
El otro titular que se me ocurrió para este comentario quiere recoger el mensaje en pocas palabras: Spanair: quiebra anunciada. Que esto iba a acabar en concurso de acreedores parecía bastante claro; más para unos, metidos en el ámbito de lo económico, que para otros. Pero, en cualquier caso, ya está ahí. Y por enésima vez se pone de manifiesto la lamentable situación que, en éste y otro casos similares, padecemos los consumidores. Desde la OCU hace mucho tiempo que venimos pidiendo que, cuando una empresa entra en concurso, los consumidores sean reconocidos como acreedores preferentes, es decir, que estén a la cabeza de quienes recuperan su dinero, entregado muchas veces, por unos futuros servicios, momentos, horas, días antes de que la entrada en concurso se produzca. Pero no, ese dinero, por servicios prestados debe servir antes para atender otras deudas más "importantes": las minutas de los administradores del concurso, la que aparece casi siempre con la seguridad social o la acumulada con los empleados. Lo vimos hace algunos años con el caso de Afinsa y Forum Filatélico que duerme el sueño de los justos perdido en el marasmo de nuestra justicia. Entonces comprobamos hasta qué punto la ley concursal resultaba absolutamente ineficaz en situaciones en las que el número de acreedores-consumidores se multiplica por mucho. El procedimiento se eterniza y las posibilidades de que los consumidores vean reconocidos sus derechos se hacen cada vez más complicadas e inciertas (por citar algunos ejemplos que están en la mente de todos, la suerte corrida en el caso de Marsans fue bien distinto del de Air Madrid donde, al parecer, algo van a cobrar tras años de espera). El hecho de que los consumidores saltaran un grado en la consideración de su deuda, de acreedores ordinarios a preferentes, no aseguraría tampoco demasiado (no olvidemos que el pasivo de Spanair es, dicen, de 300 millones de euros), pero al menos colocaría a los paganos de este tipo de crisis en una situación diferente, con más posibilidades de recuperar, al menor, parte de lo entregado a cuenta de servicios que nunca se prestarán. Por eso, desde la OCU y con ella, insisto: en los concursos, que los consumidores seamos considerados como acreedores preferente, ¡ya!