C
uando lo leí el artículo que lleva el mismo título que este comentario, debo confesaros que la conclusión no me sorprendió. Conozco un poco la problemática del enfermo mental y lo que me llamó la atención fueron la cifras y en especial la referente al número de posibles afectados.
Dicen, según las fuentes, que entre un 20 y un 25% de los españoles (supongo que no es cuestión de nacionalidad) han padecido o van a padecer en algún momento algún tipo de trastorno psicológico, entre las más frecuentes, la ansiedad y la depresión, en alguno de sus grados. El tema ha sido abordado en el número 100 de nuestra revista OCU-Salud, con una encuesta en la que han participado médicos de atención primaria, especialistas en salud mental y pacientes. La conclusión es realmente preocupante. El recurso a los fármacos parece ocupar el sitio que debería una atención profesional atenta y continuada. No es que no se sepa las alternativas a existir; es que, a menudo, se recurre a una solución más fácil e inmediata. Uno de los médicos sintetiza la situación con elocuencia: “Nuestro modelo prima la pastilla”. Y la razón la apunta un especialista en salud mental: “Faltan psicoterapeutas”. Y así, en un ámbito más nos encontramos con un problema que hemos denunciado en más de una ocasión: el exceso en la relación de los ciudadanos con los medicamentos. No ponemos en duda que, en algunas ocasiones, sean necesarios; pero no siempre lo son y, a menudo, sirven para ocultar otras carencias. Por eso, este tipo de estudios, que ponen el dedo en una llaga, no deben caer en saco roto. Bien es cierto que en él se apuntan alternativas y pistas para afrontar un problema como éste que tiene una penetración tan importante en nuestra sociedad. Pero la reflexión debería llevarnos un poco más allá: a considerar hasta qué punto, en el lugar que ocupamos (médico, especialista o paciente) nuestro comportamiento sigue pautas racionales. Seguramente si así fuera, las cosas serían diferentes.