L
eo en la prensa una noticia sobre los intentos de los responsables de Bankia para recuperar la confianza de sus clientes, tan convencidos ellos de que el camino de su supervivencia pasa por ello. Y entonces me ha venido a la mente el documento de un "inversor" en el que como única firma para adquirir estas acciones aparecía una cruz. No sé si era de Bankia (creo que no), pero lo cierto es que era una víctima más de un engaño miserable.
No estoy seguro de que ésa sea la única condición para la supervivencia de esa entidad financiera. Más bien creo que no. Pero no puedo perder de vista el inmenso perjuicio que los clientes de ése y otros bancos o cajas han sufrido con los dineros dedicados a las llamadas "preferentes", amparándose en la confianza que tenían, en la mayoría de los casos, en los que les atendían habitualmente en sus relaciones con esas entidades de ahorro y depósito. No voy a entrar en lo que son esas preferentes. Doctores, más doctos que yo, ya lo han venido haciendo con detalle. Baste decir que son inversiones de alto riesgo cuya gestión exige unos conocimientos y, especialmente, una asunción del riesgo considerables. Conocimientos y amor por el riesgo que no cabía suponer en quienes, clientes habituales de una entidad, se han visto engañados de manera miserable por aquellos en quienes confiaban ciegamente y que les han colocado unos productos que sabían que ponían en peligro, en muchos casos, los ahorros de toda una vida, con promesas que nadie mejor que ellos sabían que eran de imposible cumplimiento. Cuando uno echa un vistazo al perfil de muchos de los presuntos "inversores" en acciones preferentes de muchas entidades financieras no puede por menos que sentir náuseas por el comportamiento de quienes les han engañado. Porque ahora, con el daño hecho, y por mucho que desde las páginas de nuestras revistas hayamos desaconsejado abiertamente y siempre la suscripción de estas acciones preferentes, sabemos que algo hay que hacer, que no podemos dejar en la impunidad comportamientos tan desleales como los que han seguido los "aconsejadores" de tanta impudicia, abusando de la confianza de quienes debían haber mirado por sus intereses más allá de los intereses, casi siempre contrapuestos, de las entidades para las que trabajaban. O, al menos, haber marcado bien los límites de unos y otros. Aunque la consecuencia hubiera sido que esas acciones preferentes, tan queridas por sus jefes, hubieran acabado todas en el único lugar que se merecían: la papelera.
La OCU piensa presentarse como parte en una posible demanda colectiva por el tema de las participaciones preferentes, en defensa de socios que hayan cometido el error de confiar en su Caja y no seguir las recomendaciones de la OCU que no se inviertiera en este tipo de producto financiero?.
Gracias
(un pringao que pico)