T
uve que pellizcarme para creer lo que estaba viendo. Un ministro decía anoche en televisión, sin que le temblara la voz, que la razón de que "tuvieran" (es decir, se vieran obligados a) que subir el IVA era la economía sumergida. Bueno, él dijo algo así que como se recaudaba poco porque no todos lo pagaban pues eso, que había que subirlo...
De nuevo, los consumidores, sufridos pacientes del impuesto, a la palestra. Como hay quienes no pagan, pues se sube el IVA a los que sí pagan, se revisan los tipos reducido y superrreducido y... a ver que pasa. Porque los malos de la película vuelven a ser esos insolidarios del "Sin IVA" que, con su actuación, han obligado a los poderes públicos a incumplir su compromiso electoral (alguien dijo que esos compromisos estaban para incumplirlos) y, en contra de su voluntad, a subir un impuesto que nos afecta a todos por igual, menos a quienes actúan en la economía sumergida que, a buen seguro, seguirán haciéndolo. Nada, que sepamos, para luchar contra esa corrupción. Ninguna medida para atacar un mal que nació, hace muchos años, con el impuesto y que se ha convertido en inveterado y casi imposible de erradicar. Ignoro si no queda más remedio que subir el IVA. Pero lo que me niego a aceptar es la explicación oída para justificar la medida. Si lo hubiera dicho un chisguirigabi no tendría mayor trascendencia; pero se la he oído a quien tiene capacidad y poder para tomar medidas que sirvan para hacer aflorar, al menos, un tanto esa economía sumergida que, al parecer, tanto daño nos está haciendo y es la responsable de tener que tomar una medida de consecuencias tan graves.