L
eo en un periódico el titular para recoger la noticia y me parece ajustado: "¿Buena o mala noticia?". Y la verdad es que es así: la bajada de los tipos de interés, hasta niveles nunca conocidos, puede ser buena noticia porque se notará en el principal índice de referencia en la revisión de muchos préstamos hipotecarios, el Euríbor. Pero sólo si no se tiene en el préstamo hipotecario la malhadada "cláusula suelo".
Ayer el presidente del Banco Central Europeo anunció la rebaja de los tipos de interés, hasta el 0,75%, más bajo que nunca. Esto, que debería ser buena noticia para los millones de hipotecados que en plena crisis miran dónde arañar un euro, no lo es tanto porque muchos de ellos están sujetos en sus contratos a la cláusula suelo, ésa que han impuesto los bancos y las cajas de ahorro y que, desde la OCU, como desde otras asociaciones, estamos intentando hacer desaparecer por desequilibrada y abusiva. Significa que la entidad financiera marca un límite por debajo (y, a veces por arriba, pero tan lejano que saben que difícilmente se alcanzará) que implica que aunque el precio del dinero se sitúe por debajo, el hipotecado seguirá pagando el precio marcado en la cláusula suelo. Desde la OCU hemos criticado siempre este tipo de cláusula pero la lentitud con la que estos temas se ven en la justicia hace que los que prestan el dinero duerman bastante tranquilos porque saben que, si la solución llega, lo hará tarde y, posiblemente, mal. Y mientras, siempre sacarán algunos eurillos de más a costa del esfuerzo de los más de cuatro millones de hipotecados que existen en nuestro país. Porque desde hace un año, el índice que, normalmente, sirve para revisar los préstamos hipotecarios, el Euríbor, ha bajado casi en un punto sin que en muchos casos haya tenido ningún efecto sobre las cuotas que deben pagar los consumidores. Esta cláusula, pese a que para mi, para nosotros, en claramente abusiva por el desequilibrio y los graves perjuicios que provoca, ha sido objeto de sentencias contradictorias. En nuestro caso, lamentablemente, ha sido declarada válida y está recurrida. Pero mientras no se declare nula, su efecto sobre los bolsillos de los consumidores hipotecados seguirá siendo devastador.
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